No te mueras sin decirme adónde vas


Esta es una entrada que me hubiera gustado no tener que escribir nunca, pero vivir es lo que tiene, que a veces, por el camino, van ocurriendo cosas que no estaba previsto que tuvieran lugar. Y es que este año ha sido muy duro para mi familia materna, a la que me unen unos lazos más allá de la consanguinidad para convertirse en lazos de amistad. Dos maravillosas personas, jóvenes, llenas de vida, mis queridos primos Jose y Manolo, se han marchado por culpa de esa terrible enfermedad, el cáncer, que ha golpeado ya a tantos hogares. Me cuesta escribir esto pero voy a hacer el esfuerzo y aunque sean breves, quiero dedicarle estas palabras a toda mi gran familia y por supuesto, a ellos.

A pesar del dolor tan grande que hemos sentido y sentimos, sé que saldremos adelante, pues algo de lo que me enorgullezco es del carácter alegre y vitalista de los míos, de su inteligencia para vivir, y veo signos día a día de que esto será así, de que nos quedaremos con lo hermoso que fue compartir este trayecto de vida con ellos, tan valioso, tan puro, tan de verdad.

Cuando la vida te golpea así de fuerte, al menos en mi caso crece una necesidad de espiritualidad que como humana que soy se relaja en épocas de felicidad. Nunca he seguido ningún credo, mis padres en ninguno creyeron y así me criaron, y tampoco lo pretendo. Pero a pesar de esto, siempre he tenido un sentido mágico de la vida, la sensación de que hay una fuerza más allá de lo material que fluye entre nosotros, una mano invisible que se apoya en tu hombro y te da aliento y fuerzas en las peores batallas, y en estos momentos NECESITO creer en esta magia más que nunca.

He nombrado esta entrada con el  título de una de las películas que más me impactaron cuando tenía poco más de 20 años, del cineasta argentino Eliseo Subiela. No había vuelto a verla hasta hace unas semanas, pocos días después de fallecer Manolo. Necesitaba verla. Recordaba lo mágica que era, como relajó en mí ese aspecto trágico que se tiene con esa edad del final del ser humano. Quien la haya visto sabrá que trata sobre lo que ocurre más allá de la muerte, cierto que aparece el tema de la reencarnación, pero creo que debe de interpretarse de una forma más ambiciosa, más allá de esta primera lectura. Precisamente lo que le da fuerza y sentido es la naturaleza indestructible del amor entre los personajes, como los conecta de una manera atemporal. Un sentimiento que supera hasta la propia vida, lo material, lo visible, y esta es la visión con la que quiero quedarme...

Y es que siempre recordaremos a Jose y Manolo con un amor inmenso, seguiremos contagiándonos de la pasión por el campo de uno y la música de otro, todas las vivencias compartidas permanecerán por siempre, nos darán cada día un renovado aliento. Es un amor que traspasa toda las fronteras físicas que conocemos, nos llena de VIDA, y eso los hará por siempre inmortales en nuestros corazones. 




8 delikados susurros:

Sorokin dijo...

Madame, la acompaño profundamente en su duelo. En los últimos años se me han ido un buen puñado de amigos queridos y sé lo que se siente.

Un abrazo

Unknown dijo...

Gracias Monsieur, seguiremos brindando a la salud de ellos, ahora más que nunca. Un abrazo

Viena dijo...

Querida Delikat ¿Qué puedo decirte que diga más que un abrazo en silencio? La vida o la muerte son sólo expresiones del fluir del todo, ellos siguen en él.
Te mando un beso grande.

Unknown dijo...

Cuánta razón tienes Viena, pero que poco nos enseñan en la vida a comprender ese otro momento del ser humano, al menos en la cultura occidental. Cuánta falta nos hace un mayor acercamiento, sin que de repelús, con naturalidad.

Un abrazo

Chic Soufflé dijo...

Cómo lo siento, Delikat. Es muy triste perder vidas tan jóvenes tan pronto. Pero como dices, hay que seguir adelante... y recordar lo mejor de la vida, aunque haya sido demasiado corta. Un fuerte abrazo

Unknown dijo...

Gracias Chic Soufflé por tus palabras, que tengas un buen viaje a tu otra tierra, USA, ya veo que estás casi preparando las maletas :-)

Un abrazo.

Claudia Hernández dijo...

Ah, Delikat, me alegra que ahora estés saliendo de alguna manera de ese momento. A veces, estos eventos nos parecen ajenos, pero son más cercanos de lo que creemos, también son parte de la vida, a pesar de su dureza.
Un gran abrazo y mucho ánimo.

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