Esta
semana he tenido un tino increíble con las dos películas que he
visto en el cine, confieso que soy bastante selectiva en todo lo que visiono,
pero a veces se lleva una algunos chascos, a pesar de que el director
me haya gustado mucho en anteriores trabajos. Por eso vengo a
recomendaros estas maravillas antes de que sea demasiado tarde, sin revelaros mucho de su argumento. Ya sabéis lo que
ocurre con el cine de autor, que apenas dura una o dos semanas en
cartelera. Pero vayamos a lo que de verdad nos ocupa.
Me
gusta el cine social, sobre todo cuando a pesar de retratarnos una
realidad descarnada, que muchas veces pone en jaque nuestros principios, no deja de lado la parte emocional. La
primera película es “Monsieur Lazhar”
del director canadiense Philippe Falardeau, rodada en el 2011 y
estrenada hace unas semanas en nuestro país. Es un film que acumula
varios premios, como el de “Mejor película 2011” del Festival de
Toronto; el “Premio del público 2011” del Festival de Locarno; y
el “Mejor Guión 2011” del Festival de Valladolid, además estuvo
nominada a la “Mejor película de habla no inglesa” en los Oscars
2011.
Rodada
en francés y desarrollada en la ciudad de Montreal, me llama la
atención que se haya basado en una obra teatral, pues no es habitual
encontrar un salto del teatro a la gran pantalla. Nos cuenta la
historia de una clase de niños de primaria (es imposible no acordarse de la maravillosa “Hoy empieza todo” de Tavernier al verla, aunque su argumento es bien distinto), cuyos alumnos viven el hecho dramático del suicidio de su profesora. Esto desencadenará la aparición del personaje principal, el sustituto
Monsieur Lazhar, que tiene muchísima fuerza y está magníficamente interpretado por Mohamed Fellag. No puedo imaginarme otro rostro para
Lazhar. Vendrá marcado también por su drama personal desde su
Argelia natal, pero esta tragedia no constituirá el eje del
argumento, y eso es lo que más me gusta, pues la historia no se
regodea en la lágrima fácil, en las duras pruebas que los
personajes hayan podido vivir, sino que los utiliza como una
plataforma para saltar a la redención, al amor en el más amplio sentido de la palabra. A mí me ha parecido hermosa, delicada y
elegante en el tratamiento y la combinación de difíciles temas
(inmigración/asilo político, pérdida de la inocencia infantil, la
educación actual frente a la tradicional, la soledad, el
desarraigo...).
La
segunda película, también rodada en francés, es “Les Neiges du
Kilimandjaro” del director Robert Guédiguian, y para
evitar confusiones, deciros que no tiene nada que ver con aquella
mítica “Nieves del Kilimanjaro” de 1952, interpretada por Ava
Gadner y Gregory Peck. Se rodó en el 2011 en
Marsella y se estrenó en la Sección Oficial a concurso del Festival
de Cannes 2011, en España el pasado abril. Ha sido
“Espiga de Plata” y “Premio del Público” en el Festival de
Valladolid 2011, además una de sus actrices principales, Ariane
Ascaride, esposa del director francés y presente en prácticamente toda su
filmografía, fue nominada a la “Mejor Actriz” en los Premios
Cesar 2011.
Si con la anterior película os hablaba de ese curioso salto del
teatro al cine, aquí os vais a sorprender, pues el
director se ha inspirado en un poema de Víctor Hugo “Les Pauvres
Gens” (La gente pobre) para desarrollar la historia. “Cine
inteligente y honesto” ha sentenciado mi critico de cine favorito,
Carlos Boyero, y qué razón tiene. Las Nieves del Kilimanjaro es un
retrato magnífico de la sociedad europea actual, de la crisis
económica, de la oxidación de los principios y la moral de los que
el Viejo Continente se enorgullecía tanto. Dónde quedaron
aquellos hombres y mujeres que lucharon por los derechos sociales en
los 60, cómo nos hemos llenado de tantos prejuicios y hacemos la
vista gorda ante tantas injusticias, qué papel tenemos los hijos de
esos luchadores. Todo esto es un cóctel en el que los personajes
dotados de una humanidad increíble se van deslizando, enfrentándose
a sus contradicciones, a sus miedos. La pareja protagonista
finalmente nos conmoverá con su capacidad de dar amor y su
solidaridad. Os garantizo que saldréis de la sala de cine con una
sonrisa en los labios y una renovada esperanza en el ser humano.
Y por curiosidad y ya para finalizar, os dejo en este enlace con ese poema de Víctor Hugo que otorgó tanta
lucidez al señor Guédiguian (la traducción al español está al final).



